Tala y otro ciclo brillante

En el cierre del Final Four, el club de Villa Warcalde venció a Urú Curé por 30-23 y se consagró tricampeón cordobés.

a vez el abrazo tuvo sabor a despedida. Germán Schröder, el entrenador de Tala, se fundió con el resto de su cuerpo técnico en un saludo que incluyó lágrimas, emoción y desahogo. Fue tras 80 minutos de un largo partido, que se definió en los últimos cinco, y que consagró al club blanquinegro tricampeón del rugby cordobés. Tres campeonatos, una seguidilla de éxitos que no conseguía desde los ocho títulos en serie entre 1979 y 1986, la etapa más prolífica del club de Villa Warcalde.

La victoria 30-23 sobre Urú Curé en Athletic, fue el último acto de este cuerpo técnico integrado por Diego Giannantonio, Horacio Ambrosio, Rodolfo Capdevila y Santiago Soteras. No es que se vayan todos. Es el head coach quien dará un paso al costado luego de tres años exitosos. “Estoy vacío, di todo. Soy partidario de que los ciclos se renueven”, dijo el autor de la frase “hay que bajarse del trono para volverse a subir”.

Obsesivo, detallista, amante de la estrategia, Schröder planteó una táctica particular: incluyó a dos jugadores clave como Martín Freytes y Gonzalo Paulin entre los suplentes y los hizo ingresar antes de finalizar el primer tiempo. Hugo Schierano y Manuel Garzón, quienes fueron reemplazados sabían de antemano lo que pasaría. “Había que dejar todo en esos minutos”, contó el segunda línea que este año no tuvo tanta participación en primera.

Más allá de ese acierto, Schröder reconoció que su equipo no hizo un partido perfecto. “Cometimos errores. Tuvimos momentos para definir en el primer tiempo y no lo logramos. Pero propusimos mucho juego”, señaló.

El plantel, llamado “la 70” como homenaje al club cuando en 2014 cumplió los 70 años, ha tenido pequeñas mutaciones a lo largo de las últimas tres temporadas. El capitán Stéfano Ambrosio, elegido el mejor de la final (marcó 20 puntos), es el guía, el brazo ejecutor del cuerpo técnico. Lo acompañan laderos de un aporte invalorable como Marcos Lobato, Aníbal Panceyra, Paulin o el joven y brillante Cantarutti, una de las joyas blanquinegras. En el camino fueron quedando “soldados”, que aunque no entren a la cancha, siguen siendo un apoyo fundamental como Pedro Garzón o “Coté” Basile. O Cristian Nacassian, que no pudo jugar en todo el Oficial por una lesión, y que ayer, gracias a un gesto de Stéfano, recibió la copa de campeón.

Más allá de los cambios, naturales en todo ciclo, la calidad de los jugadores y la filosofía del club, invitan a soñar con la prolongación del éxito varios años más. El Nacional es la deuda pendiente. Ahora, a disfrutar del “tri”.